Ayer, día 12 de octubre, se celebró el denominado día de la Hispanidad. La
tradición es que se celebre un desfile militar presidido por los Reyes y altos
cargos del Gobierno y luego haya una recepción en el Palacio Real y, por
supuesto, el guión se cumplió a rajatabla. Mucho podemos debatir sobre el hecho
de que se celebre el descubrimiento de América (América ya estaba allí mucho
antes de que Cristobal Colón llegara y les iba muy bien sin que fuésemos los europeos a imponer nuestras “refinadas” maneras occidentales) o que se celebre
el día de España con una fiesta tan tradicional (monarquía y ejército, sólo
faltaba el clero) pero la cuestión es si hay algo que celebrar.
Vamos a empezar diciendo que los que estaban ayer allí, ocupando los
lugares más destacados en el acto, sí tiene algo que celebrar. Empezando por
los Reyes, quienes disfrutan de una vida con muchos privilegios y pocas responsabilidades
sólo por el hecho de haber nacido en la familia adecuada, y continuando por los
gobernantes del país, que se han encargado de conseguir los mismos privilegios
de los que goza la monarquía y nunca asumen sus responsabilidades, todos ellos
sí que pueden celebrar algo, pero el resto, los ciudadanos de a pie, no tenemos
motivos para celebrar nada.
