Fue en 1844 cuando el filósofo alemán Karl
Marx publicó el escrito en el que aparece reflejada una de sus citas más
famosas, la que dice eso de que la
religión es el opio del pueblo, y yo no dejo de pensar que la esencia de
esa cita sigue estando de rabiosa actualidad.
Marx y los que comparaban la religión con el
opio se referían a ella en estos términos por la capacidad que tienen las creencias
religiosas de perseguir el pensamiento libre (los hechos se aceptan sin más y basándose únicamente en la fe) y porque sirven para mantener a las personas aletargadas.
Estas características, que tan bien le han venido a las elites que han
detentado el poder a lo largo de la historia, no son sólo aplicables al ámbito
de las creencias religiosas ya que, hoy en día, parece que la capacidad de
tener subyugada a la gente sin preocuparse de nada más no la tiene la religión,
sino que la tiene el fútbol.
