Vivimos en una sociedad en la que la imagen lo es todo. Sólo hay que
encender la televisión, a cualquier hora del día, para darse cuenta de que lo
que importa es tener una imagen acorde con el ideal de belleza imperante.
Dejando de lado el hecho de que prime más el aspecto físico que la
cualificación profesional o los estudios de una persona, lo que me parece
inaceptable es el mensaje que le estamos dando a los más jóvenes: lo que
importa es ser bello.
Todos sabemos que los cánones de belleza cambian con el paso del tiempo. Lo que era bello
hace 200 años ahora no lo es y pasará lo mismo con nuestros referentes
actuales. La cuestión es que nunca antes, hasta la fecha, había existido una
presión social tan grande por entrar dentro de lo que se considera el ideal de
belleza actual. Los medios de comunicación, las películas y series o cualquier
tipo de anuncio publicitario nos recuerdan, insistentemente, que el éxito está
reservado para los jóvenes y los delgados pero ¿qué pasa cuando no entras dentro
de esos cánones de belleza? ¿Nos repercute en nuestro día a día? La respuesta
es sí.
