Con el reciente suicidio en el metro de mi ciudad he
querido escribir sobre ello puesto que me parece que hay mucho miedo o respeto
a decir las cosas como son. Como soy una persona que siempre se ha
caracterizado por decir las cosas como son o como las pienso sin pensar en lo
que puede doler, esta vez no va a ser menos. Ya os adelanto que el tono de la entrada es dura, para nada compasiva y es una visión cruda de una realidad. No acepto el suicidio, creo que
hay muchas cosas que se pueden hacer antes de tomar esa decisión, y como ya
comenté en un artículo, creo que en casos de enfermedad terminal el suicidio
asistido/ eutanasia debería estar contemplado. Una vez dicho esto,
entiendo que hay gente que tiene problemas o que es muy débil para afrontarlos
y que tome esta determinación, pero llegados a este punto, quizás, y teniendo
en cuenta que van a terminar con su vida con lo cual están moralmente por los
suelos, podrían elegir una manera de hacerlo que no condicione al resto.
Vamos a hablar de formas de suicidarse, ya sé que es muy
macabro, pero señores, no nos engañemos, es algo que está a la orden del día y
mirar hacia otro lado es lo peor que se puede hacer, porque luego pasa que nos
encontramos en una situación y nos crea un trauma. Yo por desgracia he sido
testigo de alguna que otra muerte y suicidio, con lo cual, quizás me he
inmunizado ante esa situación tan triste y lamentable. Creo que si has dado el
paso para suicidarte quizás la mejor opción sea tomarte un buen frasco de
pastillas, te quedas dormido y con un poco de suerte no te despiertas. Este
sistema es una lotería y quizás por eso no es el preferido entre los suicidas.
Otro es el ahorcamiento, este tampoco es muy usado, principalmente porque la
muerte es lenta y muy angustiante, y corres el riesgo de moverte mucho y acabar
rompiendo donde te has atado y no conseguir el propósito y si una buena
cicatriz en el cuello.
