En el mundo tecnológico, no encontramos
diariamente con auténticas tomaduras de pelo que tienen como objetivo que el
usuario gaste y gaste de manera compulsiva en aparato mejores. Da igual que lo
escondan o que sea público, el consumidor es egoísta por naturaleza y siempre
intenta conseguir un mejor producto. Pruebas de ello hay infinidad, pero quizás
la más destacada sea la que nos encontramos con los dispositivos móviles, ya sé
que es generalizar, pero en estos casos hablo de una mayoría sabiendo que
existen excepciones y que por suerte cada vez son más. Si le damos a elegir a
un usuario entre un teléfono con cámara de 8mpx y otra de 21 mpx, seguro que
cogen la de 21 porque son más, aunque seguramente luego por lo que ocupan la
pondrán a 11 mpx, y seguramente se habrán equivocado porque la de 8 mpx tenía
una lente mucho mejor. Pues eso es lo que pasa con las televisiones,
constantemente nos venden la moto y lo triste es que los usuarios caen de
cuatro patas.
Recordáis cuando nos empezaron a vender el HD
ready y el Full HD, cuantos de vosotros no tuvisteis el dilema de que
elegir, y luego tener que comprar un sintonizador HD porque la tele no lo
incorporaba pese a que se podía, o entre LCD o Plasma, o la más reciente
con 3D
o sin. Todo esto son situaciones que las compañías saben perfectamente que
hacen dudar al consumidor y acaban eligiendo lo que quieren ellos que elijas.
Es precisamente la antítesis de lo que quería implantar mi querido y admirado Steve
Jobs, el cual fabricaba un único modelo de teléfono, el iPhone, y el motivo principal era porque
quería que los usuarios no dudaran, que tuvieran claro cuál era el producto,
independientemente si era bueno o malo. Yo personalmente prefería esa
filosofía, aunque como podemos ver cada vez estamos más alejados de ella.
