Parece increíble que en el siglo que estamos se sucedan
cosas como la que acabamos de ver. Ébola, una de las enfermedades más mortíferas,
sin cura posible y con una mortalidad de 9 de cada 10 personas infectadas,
llega a nuestro país. El misionero Miguel Pajares ha sido
trasladado a nuestro país para ser tratado de una enfermedad que no se puede
tratar. Cierto es que se le van a suministrar medicamentos para intentar hacer
que lo que le queda de vida sea más llevadero, pero su vida corre serio peligro
puesto que el brote con el que ha sido infectado, tiene un índice de mortalidad
de más del 60%. El hospital elegido para su ingreso ha sido el Carlos
III, un hospital que lleva meses luchando precisamente con el cierre de
la sección que ahora habilitan de control de enfermedades peligrosas por falta
de presupuesto.
Es curioso que un misionero, que en principio vive
para las personas y su bienestar, ahora regrese a su país para que lo traten de
algo que seguramente no se puede tratar, y que para ello ponga en riesgo a
millones de personas, desalojando un hospital entero, dando de alta a enfermos
que se estaban tratando y derivando a otro hospital a los que estaban más
graves. Es sencillamente absurdo. Los riesgos de que algo suceda son demasiado
altos como para tomar esos riesgos. Imaginemos que ahora hay algún problema y
se expande la enfermedad (cosa en teoría poco probable). Estamos hablando de
una enfermedad muy contagiosa, con lo cual podríamos estar ante cientos o miles
de infectados por hacer las cosas de cualquier manera.
Recordemos que son los propios sanitarios los que ponen la
voz de alarma, denunciando que nadie puede garantizar al 100% que el virus no
se pueda escapar. Estamos hablando de un misionero que pasa toda su vida
fuera del país, no hubiera sido más fácil enviar a un equipo para que lo trate
en el país donde se encuentra y no correr esos riesgos. Queda claro que parece más
una decisión política que no una decisión lógica. Estamos hablando de un
hospital que no ha recibido el mantenimiento adecuado de esas salas de
aislamiento y que se está haciendo deprisa y corriendo un mantenimiento que no
ha tenido. Podríamos imaginar que algún punto de esa revisión y mantenimiento
no se realizara correctamente y pudiéramos tener problemas. Hay que barajar todas
las opciones, y ponerse en lo peor porque estamos hablando de un riesgo para
toda la población.
Mi postura respecto al caso no puede ser más claro, si
dependiera de mí, ese misionero nunca hubiera puesto pie
en territorio español, principalmente por falta de medios para asegurar
totalmente la seguridad ciudadana, y segundo porque es más sencillo llevar
soluciones al problema, que traer el problema y buscar soluciones. Son increíbles
las cosas que tenemos que ver hoy en día. Tenemos el caso de un ciudadano
español por llamarlo de alguna manera, porque es un misionero va ayudando por
el mundo, infectado con el virus más mortífero del mundo, y llega un señor y
decide traerlo de vuelta pese a no disponer de los medios adecuados, de tener
que cambiar de hospital donde querían tratarlo porque no habían ni puertas
dobles y tener que hacer un mantenimiento de unas instalaciones que se habían dejado
de lado por falta de presupuesto, todo para tratarlo y poner en riesgo a todo
un país. Recordemos que esta denuncia viene de los médicos del mismo centro

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